Realidad socioeconómica de los indígenas en Asunción
Actualizado: 26 jun 2024

Los indígenas, fueron los primeros habitantes de nuestra querida tierra paraguaya. El respeto que le debemos quedó abolido en nuestra sociedad. Es común pasear por el centro de Asunción y verlos sentados en el suelo, buscando vender sus artesanías, o en los semáforos pidiendo algunas monedas.
La diferencia de culturas, separó a los indígenas de quienes no lo somos. Vivimos en un país en el que en vez de preservar su cultura, se normaliza minimizarlos, ignorar el simple hecho de que están ahí, evadir que sienten frío, hambre, que merecen un hogar, una educación y una salud digna, al igual que todos nosotros. En relación a lo social, el idioma y la diferencia de culturas, son los factores que más acrecientan la separación entre los indígenas y los no indígenas. Sus derechos son violados y sobrepasados, pero el bajo acceso a educación y otras necesidades emergentes, impiden la posibilidad de sublevarse en la mayoría de los casos.
En Paraguay, existen 19 pueblos indígenas, pertenecientes a cinco familias lingüísticas, estos pueblos son: 1-Guaraní (Aché, Avá Guaraní, Mbya Guaraní, Paĩ Tavyterã, Guaraní Ñandéva, Guaraní Occidental), 2-Lengua Maskoy (Toba Maskoy, Enlhet Norte, Enxet Sur, Sanapaná, Angaité, Guaná), 3-Mataco Mataguayo (Nivaclé, Maká, Manjui), 4-Zamuco (Ayoreo, Ybytoso, Tomárãho) y 5-Guaicurú (Qom). Según la Secretaría de Políticas Lingüisticas, casi la mitad de la población (49.3%) indigena se comunica con sus respectivas lenguas, mientras que el restante utiliza el guaraní paraguayo.
Los indígenas constituyen aproximadamente al 2% de la población total en nuestro país, según el último censo en 2022, serían 117.150 personas que habitan en 13 departamentos, tanto en la región Oriental como en el Chaco. Sin embargo, muchos de ellos viven en la capital, una cuestión que en la sociedad paraguaya se considera poco eficiente para los indigenas mismos, ya que en otras ciudades del país, pueden implementar de mejor forma su cultura, por la las plantaciones y la utilización de distintas materias primas con las que trabajan, para impulsar su identidad guaraní.
Pero la realidad, es que el motivo más frecuente para emigrar a Asunción, no está en
sus manos. Según el ex cacique don Dionicio, de la Comunidad indígena Cerro Poty presente a los pies del cerro lambaré, dentro del territorio denominado Bañado Sur, uno de los cinturones de pobreza más conocido del país, donde en general de forma precaria, mayormente quienes no tengan acceso al sistema económico estable. No obstante, existen otras zonas periurbanas donde la situación económica y social, es considerada mucho “peor”.
La venta de las tierras públicas, constituye la mayor causa de la migración de los indígenas. El 98% de la tierra paraguaya está en manos de grandes empresarios, en su mayoría pertenecientes a las áreas agronómicas y ganaderas. Estos magnates, se apoderan de las tierras públicas al ofrecer grandes cantidades de dinero, por compra o alquiler, con el objetivo de realizar diferentes plantaciones o explotaciones ganaderas, sin importar que los terrenos estén habitados por los indígenas, quienes no aplican el concepto de la propiedad privada.
La forma en la que son desalojados, suele ser violenta y forzosa, además de que atenta contra el art. 64 de la Constitución Nacional, donde se expresa que “Se prohíbe la remoción otraslado de su hábitat sin el expreso consentimiento de los mismos”, otras normas jurídicas como internacionales. Esto se hace a ojos del Estado paraguayo, ya que en varios casos, incluso hasta la fiscalía paraguaya, impulsó el desalojo.
Cabe destacar que el Estado Paraguayo ya cuenta con tres sentencias por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) por violar Derechos Humanos de Pueblos indígenas.
Entre otros motivos frecuentes de migración a las zonas urbanas, mencionados por Dionicio, se encuentran, la falta de acceso a educación en el territorio que habitaban, a salud y a oportunidades laborales.
La Comunidad Cerro Poty, se encuentra totalmente, cuenta con dos portones de acceso al predio. En su interior se encuentran las casas, en su mayoría de madera y en condiciones precarias, donde viven 35 familias, es decir aproximadamente 120 indígenas. Todos provenientes de Canindeyú, Caaguazú y San Pedro. La primera familia llegó hace más de 25 años.
Cuentan con una escuela en la que participan todos los niños indígenas de la comunidad, además de los no indígenas que residen en los alrededores de la zona, así como 4 docentes son de la comunidad indígena, mientras que el restante está conformado por no indígenas. Es importante destacar que en la actualidad alrededor de 7 indígenas, van a la universidad.
En la escuela, cuentan con almuerzo y merienda escolar, también es preciso recalcar que según el ex cacique, ningún niño indígena residente en la comunidad, tiene empleo. Además, el gobierno les provee wi-fi de forma gratuita, y el acceso directo a través de un código QR, a cursos gratuitos del SNPP, que son bien aprovechados por los residentes de la comunidad.
Poseen también un espacio de recreación, el cual abarca un pequeño parque de juegos y una extensa cancha de arena. Además, está presente el despacho en el que realizan sus asambleas y otras reuniones. No muy lejos de la comunidad, se encuentra un centro de salud al que acuden.
Las principales fuentes de ingreso son el reciclaje de cartones y empleados jornaleros, como jardineros, limpiadores, albañiles, entre otros. Para las mujeres, estos últimos trabajos son más complicados de realizar, por lo que los hombres son quienes más cuentan con oportunidades laborales. Ellas en general se hacen cargo de las artesanías, como tallados en madera, collares y pulseras, ya que otros puestos de trabajo exigen buen nivel académico, conocimientos básicos en herramientas tecnológicas y experiencia en otros empleos, mientras que quienes cuentan con buena trayectoria educativa, ya ocupan cargos públicos.
Sin embargo, cumplir con la realización de las artesanías es complicado en la capital, ya que el acceso a las materias primas es muy reducido, pero de igual manera promueven su cultura y tradición a través de sus bebidas, cantos y bailes, los cuales practican indígenas de todas las edades.
Actualmente, todos los indígenas de Cerro Poty poseen cédula de identidad y se encuentran al mando de la lideresa Petrona Ruiz Díaz, los periodos de mandato duran según como la comunidad califique la calidad de trabajo de la lideresa o el cacique, estos son elegidos de forma democrática en una asamblea y de manera escrita.
Una de las reglas más conocidas de estos líderes, es la prohibición del consumo de drogas, no obstante, Dionicio expresa su preocupación con respecto a los jóvenes consumidores de estupefacientes que residen alrededor de la comunidad. Aunque el acceso general de mayor amplitud se cierre entre las 18 y las 19 hs de la tarde, permanece abierto el portón más pequeño, por donde existe la posibilidad de ingreso y promoción de la droga. Los sábados y domingos, se realizan partidos de fútbol en la comunidad, donde participan no indígenas también, por lo que el miedo a estas sustancias se hace presente.
Este método en cuanto al cierre y apertura de los accesos, fue muy útil durante la pandemia, ya que debido a la prohibición total de la entrada a personas no pertenecientes a la comunidad, no hubo ningún fallecido en Cerro Poty.
En la capital, existen alrededor de 10 comunidades indígenas que se encuentran en la misma situación que la Comunidad Cerro Poty, y aunque sus condiciones no parecen desalentadoras, no olvidemos que existen todavía más de 700 comunidades, aldeas y núcleos de familia a nivel país, según el último censo, los cuales no viven esta realidad, ya que muchos de ellos no cuentan con locales adecuados para sus estudios ni de atención a la salud.
Es fundamental reconocer y valorar la importancia de la realidad indígena en Paraguay, no solo desde una perspectiva cultural, histórica y social, sino también desde un enfoque económico y de desarrollo. Promover la inclusión, el respeto de los derechos indígenas, y brindar oportunidades equitativas para el acceso a la educación, la salud, el empleo y la participación política son elementos clave para asegurar un desarrollo socioeconómico sostenible e inclusivo en Paraguay, donde la realidad indígena sea valorada y respetada como parte integral de la identidad nacional.

